25.11.10

Sobre el Mal Olor y Sabor del Agua en Córdoba (Solicitada a La Voz del Interior) - Dr. Alberto Achaval

Querida familia: He copiado a continuación la carta que envié a La Voz del Interior con pedido de publicación. Por su contenido, que es políticamente peligroso, no creo que aparezca en el periódico. Si Vds. pensaran que merece difusión, les ruego que la reenvíen a sus contactos. Creo que la importancia del tema lo merece.
Con mucho afecto, Alberto

Sr. Director de La Voz del Interior: Considerando la trascendencia del tema, le ruego que autorice la publicación de las siguientes reflexiones: Opino que el agua que consumen los cordobeses no es ni será potable en el futuro próximo. Para que pueda ser considerada como tal, no debe contener productos tóxicos, ni virus, hongos, bacterias o parásitos virulentos. Además debe ser incolora, inodora e insípida. Es probable que el agua que llega a nuestros hogares no contenga los agentes infecciosos mencionados. Obviamente no es inodora ni es insípida. Ello se debe a la presencia de moléculas orgánicas probablemente tóxicas. Las algas proliferan en el lago San Roque por los abundantes nutrientes, como fósforo, nitrógeno y otros, que son aportados por los excrementos de los habitantes del valle de Punilla, desde La Cumbre hasta El Cóndor (donde están aproximadamente los límites de la cuenca) y que llegan al lago por la contaminación de aguas superficiales y profundas.
Se nos dice que el problema se solucionará cuando todas las poblaciones de la cuenca cuenten con plantas potabilizadoras. Ello sería cierto si los efluentes de dichas plantas fuera meticulosamente recogidos y llevados a otra parte para fabricar fertilizantes por ejemplo. Pero sería falso si dichos efluentes fueran arrojados donde puedan contaminar aguas superficiales o profundas como ocurre ahora. ¿Porqué? Pues porque si bien los efluentes cloacales no contienen –idealmente- materias orgánicas ni agentes infecciosos, contienen los nutrientes inorgánicos (fósforo, nitrógeno y otros) que facilitan el crecimiento de las algas. Para éstas es exactamente lo mismo que los nutrientes les lleguen en forma orgánica (excrementos) o inorgánica (fosfatos, nitratos, nitritos,etc) Cuando el crecimiento desmedido de las algas agota el oxígeno disuelto en el agua, ellas mueren, se corrompen y liberan toda suerte de moléculas orgánicas entre las que se cuentan hidrocarburos cíclicos. En contacto con el cloro presente en el agua, o que se añade para “potabilizarla”, se forman hidrocarburos cíclicos clorados que son primos hermanos del DDT (diclorodifeniltricloroetano) y del gamexane (isómero gama del hexaclorociclohexano).
Si el agua tiene olor y sabor a gamexane, es porque está contaminada con moléculas muy similares. No está de más recordar que los insecticidas clorados mencionados han sido prohibidos en todo el mundo porque favorecen la aparición de mutaciones genéticas, de enfermedades neoplásicas malignas, y de otras condiciones tan poco deseables como infertilidad. No puedo dejar de mencionar que estas moléculas no son biodegradables y se depositan en el tejido adiposo. Por ello, los que ingerimos hoy estarán con nosotros hasta el fin de nuestros días, causando daños impredecibles.
Causa asombro e indignación que la vocera de Aguas Cordobesas ose declarar que el agua “no es agradable pero no produce ningún efecto para la salud”. ¿Cómo sabe? ¿Han sido identificados ya los compuestos responsables? Seguramente no, porque si lo hubieran sido, la intervención de la Facultad de Ciencias Químicas sería innecesaria.
¿Hasta cuándo pretenderán tomarnos por idiotas? Aguas Cordobesas no dispone ni dispondrá de los elementos necesarios para eliminar los hidrocarburos cíclicos clorados presentes en el agua. Entonces ¿por qué no actúan con sinceridad y le dicen a la población que no tome agua de la canilla?
Si lo que sospecho es correcto, estamos asistiendo a una intoxicación colectiva de una magnitud hasta ahora desconocida. Se debe dar amplia difusión a los resultados de los análisis, y no ocultarlos con el pretexto de “que no se debe causar pánico a la población”. ¿Qué se puede hacer? La opción más razonable es beber agua que certificadamente provenga de fuentes confiables. Una alternativa es filtrar el agua que se utiliza para beber y cocinar por filtros de carbón activado, y luego HERVIRLA, no para matar bacterias, sino para evaporar los hidrocarburos cíclicos clorados que, en menor o mayor medida, son volátiles. Si no lo fueran, no podríamos olerlos. Por fin, es descorazonante que el ERSEP haya tomado muestras de agua para analizar “luego de las quejas de numerosos vecinos por el olor y el gusto del líquido en los últimos días” como dice la noticia periodística. ¿No es la función de este organismo actuar de oficio ante una aberración tan notoria? El olor a gamexane ha sido evidente no en los últimos días, sino durante muchas semanas.

Sin otro particular, lo saluda atentamente
Alberto Achával Giraud

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Me parece muy importante difundir las inquietudes de la población respecto al evidente mal estado del agua "potable" de Córdoba, Argentina.
Yo soy de las que piensan que no hay nada mejor que tomar agua, en lugar de bebidas azucaradas y gaseosas, pero últimamente hasta me da algo de asco servirme agua de la canilla, ¡se siente el olor feo aún en el agua que se evapora al cocinar! ¡Esto ya es demasiado!